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Cristina Spence

La creatividad y el diseño siempre ha sido una parte muy importante de mi vida. Desde pequeñita, me ha gustado mucho dibujar, se me daban genial las manualidades y siempre tenía algún proyecto creativo entre manos: tejía bufandas y estuches de lana para mi familia en navidad, me encantaba hacer piezas de barro, decorarlas y pintarlas, y por supuesto, hacer mi propia bisutería. Las tijeras eran una de mis herramientas favoritas, de hecho, mi madre las tenía que esconder muy bien porque me cortaba la ropa, el pelo, incluso, una vez, de muy pequeña hice confeti con un billete de 1000 pesetas, ese día aprendí lo que era el dinero, aun me acuerdo de la que me cayó, no volví a cortar billetes, pero no dejé de cortar cosas, jajaja.

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De adolescente, no me aburría nunca de hacer mi propia bisutería. Cuando descubrí las tiendas de abalorios, toda mi paga me la dejaba allí, y aun tengo muchas de las piezas que hice y las sigo usando!
A la hora de elegir el rumbo de mi futuro, me decidí por estudiar administración y dirección de empresas. Me pareció una buena opción porque era una forma de no cerrarme a ningún sector. Ahí me especialicé en marketing, que era la rama mas “creativa” de la carrera, y me gustó muchísimo!
Mientras estudiaba, seguía haciendo mi propia bisutería, y ya empecé a montar piezas en plata, había que ir un paso más allá! Entonces, en el tercer año de carrera, no sé cómo, di con un curso intensivo de joyería en la maravillosa Florencia (Italia) para hacer en verano, y sin tener ni idea de italiano, allí me planté. Por suerte, el profesor era argentino, se llamaba Ignacio, y pudo explicarme las cosas en castellano, de otro modo, no sé si me hubiera enterado de algo! Aprendí muchísimas técnicas, me traje a casa más de 10 piezas hechas en plata que aún conservo con muchísimo cariño, y vine cargada con un montón de libros de técnicas de joyería para seguir estudiando y practicando de forma autónoma.

Entonces, acabé la carrera, pasé por 3 trabajos todos relacionados con el marketing, los estudios de mercado y la gestión empresarial, y terminado por la asesoría a emprendedores en una consultora. Y en ese proceso, tuve a mis dos pequeñas, Kira y Emma, y me topé de golpe y sin aviso con lo que significaba la palabra “conciliación” en una época de crisis económica.

Y de ese cóctel, salió Kirema Jewels. Un negocio propio en el que puse en práctica los consejos que daba a los emprendedores a los que asesoraba; un proyecto muy personal que me apasiona y que lleva el nombre de mis dos pequeñas. Ellas son la principal inspiración de mi proyecto, y de mi colección estrella “el mundo a través de sus ojos”. Un retrato que me hizo Emma con 4 añitos, y un garabato que Kira me hizo con año y medio fueron el germen de esta maravillosa colección.

Kira

Llevar este negocio no sólo implica la parte técnica de elaboración de las piezas, sino que conlleva la gestión de redes sociales, la gestión de la propia página web (diseño, actualización de productos, fotos, stock…), atención al cliente, publicidad, fotografía y edición de fotos para que el Instagram y la galería de fotos de la web sean bonitas, y lo que más me gusta, la creación de nuevos diseños, mi cabecita pensante no puede parar! Mucha gente se sorprende cuando descubre que Kirema Jewels no es un taller enorme con un montón de máquinas y gente trabajando como hormiguitas, con su comunity manager y su personal de tienda; es un negocio pequeño, que llevo desde mi casa en el que invierto más horas de las que jamás he echado en ningún otro trabajo, pero que a día de hoy, aun me encanta y me apasiona. Muchas veces me sorprendo a mí misma trabajando yo sola en el taller sonriendo sin razón aparente, y pienso “cualquiera que me vea…”, pero luego pienso “adoro mi trabajo, no puedo ser más afortunada” y en cada pieza que hago, me gusta pensar que lleva la energía positiva de mi sonrisa cuando trabajo en todos y cada uno de vuestros pedidos.

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